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Los conflictos familiares afectan la salud mental de los hijos

Los conflictos familiares afectan la salud mental de los hijos

Si reflexionamos un poco sobre cómo nos sentimos cuando tenemos una discusión con nuestra pareja o un familiar cercano, la sensación es desagradable por la tensión que se genera, ahora pensemos cómo se sienten los hijos cuando sus padres discuten y especialmente la manera cómo lo hacen: no faltan los gritos, insultos, portazos, amenazas etc., sin embargo la mayoría de los adultos no tiene en cuenta esto, es más, pareciera que buscan que los hijos se enteren para que tomen partido o lo que es peor, represalia contra el otro en conflicto.

Los hijos terminan convertidos en “grandes espectadores”, de los conflictos que afronta la pareja, por lo tanto, el impacto es inmediato generándoles gran ansiedad, temor, inseguridad, porque ¡es tanto el sufrimiento! que con el tiempo ya evitan estar en primera fila y se escudan detrás de la puerta o aumentando el volumen de la TV, ¡pero siempre expectantes!

En la terapia es usual que cuando les preguntamos a los hijos qué les piden a sus padres, responden inmediatamente, que no se peleen más, que no se separen y es que el mayor temor de los hijos es que los padres se separen, es lo que temen escuchar durante las peleas de los padres y es lo que más rápidamente define la pareja: “¡separémonos!”

Como lo planteamos al inicio, los conflictos en la pareja son inevitables, pero si hay hijos, la pareja debe procurar resolverlos de buena manera sin permitir que los hijos tomen partido. Cummings y Davies (1996) llegaron a conclusiones de cómo se afectan los hijos frente a los conflictos de los padres, sintetizadas por Suares (2003)[1]. Deseamos compartirte algunas de ellas:

  • Los conflictos conyugales han resultado ser los mejores pronosticadores de problemas de desajuste en los chicos.
  • Es importante con qué frecuencia pelean los padres y quizá más importante es cómo lo hacen, es decir el monto de la agresividad e ira que manifiestan el uno contra el otro.
  • Los chicos que son expuestos frecuentemente a las peleas entre los padres copian la forma de interactuar de éstos y no desarrollan habilidades para contener sus expresiones de ira.
  • Se supone erróneamente que los niños muy pequeños no son sensibles a los conflictos interpersonales. Por el contrario, sí lo son, y desde muy temprana edad, ya desde los primeros seis meses de vida, es decir, mucho antes de entender el contenido y de que puedan hablar.
  • Los niños son muy sensibles a las expresiones no verbales de ira y son tan angustiantes como las verbales.
  • Son más sensibles a las peleas en las que ellos son “el tema” que a otro tipo de peleas.
  • Los varones generan una conducta más agresiva y las niñas, mayor angustia y preocupación. Los comportamientos reactivos no adaptativos, de ser “demasiado buenos”, son más comunes en las niñas que en los varones.

Lo anterior no apunta a una relación de causa efecto, sino, de que estos factores influyen de manera negativa en la salud mental de los hijos.Invitamos a las familias y de manera directa a los líderes (pareja y padres) a dirimir los conflictos de manera sana teniendo en cuenta que los hijos se afectan, no de manera momentánea, sino, para toda la vida.

¿Necesitas ayuda profesional para solucionar de forma efectiva tus conflictos familiares y de pareja?

Escríbenos.

Oveida y Darlen



[1] Suares, Marinés (2002). Mediando en sistemas familiares. Editorial Paidós, Buenos Aires. Pág.67-71

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